
El otro día tuve la oportunidad de acceder a mi segunda vida, es decir, a Second Life. Un estupendo alarde virtual en el cual la frase del poeta, hay otros mundos, pero están en éste...es totalmente acertada. Comencé creando mi personaje (que allí se llama avatar) y vistiéndome con lo poco que tenía a mano (tejanos,camisa y bambas). Nada más acceder pude comprobar que existe una instrucción para volar. Así pues, yo, transformada en avatar con bambas rosas y tejanos de marca volé y me transporté de un mundo a otro: las calles de New York, la isla de Osho, la playa del sexo, etc. Hasta conseguir establecer mi base en un lugar tranquilo: Una isla del Japón denominada Tempura donde medito y hago Tai Chi.
A pesar de acceder a otro mundo virtual, me sorprende seguir siendo la misma y no tratar de falsear mi identidad como hacen la mayoría de los que pululan por allí.
Si algún día tenéis ganas o tiempo ya os explicaré como llegar y os contaré lo más básico para caminar por esos lugares, pero la verdad...es mucho mejor vivir en este mundo por muy loco que esté...aquí hay cosas que jamás podría nadie imaginar en otro lugar.
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