Este es un cruce de caminos en el transitar de los años. Un lugar donde, en ocasiones, las certezas desaparecen y la felicidad se resume a un breve espacio de tiempo en el que vivimos eternamente. Salgamos pues al encuentro de una vereda que se aleja hasta el final del horizonte y recordemos las palabras de aquel haiku que decía:
Ese camino nadie ya lo recorre, excepto el crepúsculo.
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